Las personas con discapacidad a través de la Historia

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Buscando información sobre la discapacidad a través de la historia, con el propósito de conocer cómo trataban las antiguas sociedades a las personas con discapacidad, he encontrado que en de ellas, el destino de las personas con discapacidad era la muerte.

Se practicaba el infanticidio cuando se observaban anormalidades en los niños y niñas y si llegaban a la edad adulta, se los apartaba de la comunidad, ya que se los consideraba incapaces de sobrevivir una existencia acorde con las exigencias sociales establecidas.

Estas son algunas reseñas que encontré sobre el trato que recibían las personas con discapacidad en las antiguas sociedades:

(Siglo VII a.C) En la Antigua ciudad de Esparta, gobernada por Licurgo, las leyes permitían el despeñamiento de los débiles y los deformes desde el Monte Taigeto, pues no querían que “en su bella y floreciente civilización” existieran personas diferentes.

(753 a.C hasta Siglo V) En el antiguo Imperio Romano, la roca Tarpeya cumplía igual propósito con los/las niños/as, los inválidos congénitos y ancianos.

En la Grecia del siglo IV a.C. el eminente filósofo Aristóteles trató de interpretar algunas desviaciones.

Existen registros de estudios de las diferencias físicas y mentales realizados por Diógenes, Hipócrates y Galeno quienes estudiaron la epilepsia y la demencia, entre otras formas atípicas.

En la India los abandonaban en la selva y los arrojaban en un lugar llamado Sagrado Ganges.

En Egipto, los abandonaban. Los Indios Masai, asesinaban a sus niños discapacitados. Los Semang de Malasia, empleaban a sus lisiados como hombres sabios.

De los mayas, sabemos que poseían una gran bondad de costumbres, por eso no los abandonaban para que murieran.

Son los hebreos, los que parece que trataban mejor a sus discapacitados, considerándolos como verdaderos hombres y, por tanto, hechos a imagen y semejanza de Dios. Estos creían que los defectos físicos eran una marca del pecado, así que dieron un tratamiento diferente a las personas con limitaciones, que podían participar en los asuntos religiosos.

El Judaísmo, precursor del cristianismo, al elevar la dignidad de la persona humana, hizo que se convirtiera en deber, la atención a las personas con discapacidad.

Constantino creo unas instituciones denominadas Nosocomios, que eran una especie de hospital donde se brindaba, techo, comida y ayuda espiritual a las personas con discapacidad.

Es con la llegada del cristianismo, cuando se rechaza socialmente la idea de llevar a la persona deforme o “lisiada” al despeñadero de la muerte, evolucionándose hacia ciertas formas de redención. Se condena el infanticidio y los discapacitados son convertidos en objetos de caridad, en tanto son dolientes y pobres. Esto produce, que el destino de las personas con deficiencias, que logran sobrevivir y alcanzaban la adultez, sea la mendicidad, el asilo de la Iglesia, cuando no la feria o el círculo de bufones.

En la Edad media, (Siglo V al XV) los que eran considerados anormales, eran olvidados, rechazados e incluso temidos. Así es como se construye un concepto de la anormalidad y del defecto, que conduce al rechazo social, al temor y hasta a la persecución de estas personas, por parte de los poderes civiles y religiosos; se les confundía con locos, herejes, embrujados, delincuentes, vagos o seres prostituidos.

En el Renacimiento (Siglo XIV hasta el XVI) surge un trato más humanitario hacia las personas marginadas en general.

En el siglo XV se funda la primera institución (asilo u orfanato) para atender a enfermos psíquicos y deficientes mentales.

Después del Renacimiento, durante los siglos XVII y XVIII, a quien tenía una discapacidad psíquica se le consideraba persona trastornada, y debía ser internada en orfanatos o manicomios, sin recibir ningún tipo de atención específica. Se comienza a utilizar nomenclaturas tales como imbéciles, débiles mentales, diferentes, locos o locas.

Durante el Absolutismo, los asilos pasan a manos del Estado, surgen hospitales reales y se van creando las condiciones, para que con la llegada de la Ilustración, (desde el Siglo XVII hasta el Siglo XIX) se le asigne un nuevo puesto a los pobres y a los “inútiles” (como también han sido llamadas las personas con discapacidad) y son convertidos en sujetos de asistencia.
Es en el siglo XIX, cuando la persona discapacitada se convierte en sujeto de estudio psico-médico-pedagógico, lo cual llevó a un avance en la comprensión del retraso mental y de otras discapacidades, y al desarrollo de terapias clínicas especializadas. Surge la educación especial propiamente dicha, con la participación de médicos, educadores y psicólogos.

El proceso histórico que posibilitó tal cambio, permitió el tránsito del “inválido” como sujeto de protección o tutela y llegó a convertirse, progresivamente, en sujeto de previsión socio-sanitaria, a partir de la aparición en escena de los sistemas de seguridad social, dentro de los cuales la persona con discapacidad “mantiene su status de menor de edad y, alcance los años que alcance, no ejerce como adulto al no dar la talla socio-productiva que se demanda”.

De esta manera, los esquemas asistenciales que se iniciaron en la Edad Media con una asistencia de beneficencia y de caridad, practicada, fundamentalmente por la Iglesia, seguirán con la asistencia como aspecto de orden público (siglos XVI y XVII), la asistencia como derecho legal (siglos XIX y XX) y la asistencia como seguridad social.

A lo largo del siglo XX, las personas con discapacidad todavía son rechazadas. Es conocido que, en la época nazi, fueron otras de las víctimas del holocausto.

En Suecia, hasta mediados de los años 70, se esterilizaba a las personas con discapacidad, incluso, sin su consentimiento.

Todo este conjunto de perspectivas en torno a la discapacidad se ubican en lo que se conoce como modelo o paradigma tradicional.

Resumiendo, podemos decir que las personas con discapacidad han tenido durante todas las épocas y sociedades elementos comunes como la marginación, la discriminación, la dependencia y la subestimación. Es decir, no se las ha considerado como sujetos con iguales derechos que el resto de las personas.

A excepción de los pocos beneficiados con bienes de fortuna, la inmensa mayoría de personas con discapacidad, a lo largo de todos estos siglos, han estado condenados irremediablemente a la asunción del rol de marginal, pobre, asistido, tutelado y hoy en día, rehabilitado.

Estos rasgos del pasado aún perduran, es por ello, que debemos luchar por la igualdad de oportunidades de las personas con discapacidad.

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Cristina Moreno.

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